La experiencia de Diana durante el curso libre internacional

Estimados lectores hemos decidido compartir una experiencia de una alumna de la escuela que tuvo lugar durante la realización del curso libre internacional de la Escuela de sueños lúcidos.

Esperando que os inspire  a practicar para  que podáis disfrutar de vuestras propias experiencias.

Si queréis contactar con ella para hacerle alguna pregunta podéis hacerlo en su email;

sol.i.luna@hotmail.com

Buscando a alguien a quien buscar 26 febrero 2015

Después de un día ajetreado me acosté temprano, solo con la idea de liberarme de toda la basura mental que se había acumulado durante el día, para poder descansar y dormir tranquilamente.

Luego de unas horas de sueño, ciertos sueños convencionales y despertarme algunas veces para anotarlos en mi diario de sueños… sin abrir los ojos, sentí que alguien se sentaba junto a mí, pero eso no era posible. Nadie duerme conmigo. Nadie puede entrar a mi cuarto y menos a esas horas de la madrugada. Estaba en la fase.

Al estar en plena oscuridad, recordé algunas técnicas para profundizar. Traté de escuchar, sentir algo. Ver mis pensamientos…

Así de pronto, aparezco en un salón de clases. Es de noche. Estoy frente al salón. La pared delante de mí es verde y a los lados hay ventanas grandes sin cristal, solo con barrotes blancos. A través de ellas puedo observar gente, quizá alumnos disfrutando de un festival. No hay bancas. No hay nadie, salvo yo y mi novio. Está frente a mí. Sé que es él aunque se ve diferente.

Escucho una tenue voz que apenas alcanzo a escuchar, me dice que pelee con mi exnovio, A pesar de que no le hallo sentido a esa idea, digo en voz alta y fuerte: Quiero pelear con mi ex. No pasa nada y mi novio parece estar hablando pero sin que salga algún sonido de su boca. Lo digo de nuevo y veo cómo se transforma mi novio en mi exnovio. Él comienza a provocarme como queriendo pelear conmigo, yo sólo detengo sus golpes pero sin entender por qué está pasando eso. Todos afuera se dan cuenta de lo sucedido y comienzan a gritarnos cosas que no consigo entender. Como sé que es un sueño y puedo hacer lo que yo quiera digo en voz alta: que se cierren las ventanas. Cierro mis ojos y con la mano hago que las cierro. Cuando los abro una especie de cortina de plástico las tapa pero hace aire y se ven un poco levantadas.

Salgo de ahí por una puerta blanca a mi derecha, y justo al lado del salón encuentro una cafetería con una puerta y una ventana transparente por donde se puede ver dentro una tienda de abarrotes. Hay muchos niños entrando y saliendo, y algunos adultos. No se dan cuenta de mi presencia hasta que trato de quitarle un plátano a un niño de sus manos que va entrando a la tienda, no lo suelta y algunos se ponen enfrente de mí para que no se lo quite, eso me parece gracioso, así que lo dejo.

Al entrar en la tienda, me llama la atención una mesa llena de galletas que se localiza en el centro. Me dirijo hacia allí, tomo una y me la llevo a la boca. Es de azúcar, del tamaño de mis manos, está muy dulce, pero sabe muy deliciosa, una sensación difícil de explicar. No necesito masticarla, solo morderla y dejar que su esencia entre en mí.

A mi izquierda está el mostrador y tras él, un señor blanco, gordo, de mejillas coloradas. Lo reconozco, sé que es el actor de una serie de televisión y que muchas veces sale de Santa Claus. Él se me queda viendo mientras disfruto mi galleta, me dice que tenga cuidado con ella. En mi mente me imagino que me puede pasar algo como Alicia en el país de las maravillas que se hacía pequeña o grande. No le tomo importancia y me la termino toda.

Sigo caminando por el lugar y ya parece que estoy como en una especie de mercado, hay puestos de todo. Fruta, verdura, comida… muchas cosas. Entre tanta gente siento que alguien me sigue muy de cerca. Justo de tras mío hay una señora alta, morena, vestida como sirvienta. Le digo hola y no me responde, sólo me sigue observando.

Quisiera buscar a alguien y poder compartir esa experiencia, pienso en Jorge, intento preguntarle a ella si lo conoce y no recibo respuesta. Recuerdo que a veces hay personas guías en la fase, y que quizá ella sea una, así que no le hago mucho caso y sigo caminando.

Llego a otra puerta de la “pequeña” cafetería. Entra por ella un señor blanco, bajito, con arrugas en el rostro y su piel con algunas pecas, quizá tenga algunos 50 años. Pienso en que quizá él conozca a quien estoy buscando. Le pregunto por Jorge y me dice que sí lo conoce y que acaba de estar hace un momento con él pero que se fue a otro lado. Le pregunto si puede llevarme con él y me dice que sí.

Salimos de la tienda, ya era de día y había mucha gente, justo frente a nosotros hay un jardín lleno de árboles, bancas blancas y en medio, un gran quiosco estilo japonés de color blanco y azul marino, muy bonito. Antes de cruzar la calle siento que todo empieza a desvanecerse y verse difuminado, le digo a mi acompañante que espere un momento y veo mis manos para estar más consciente, están tan rojas, pero sé que es por la misma emoción.

Seguimos caminando pero justo antes de llegar al quiosco le digo que podemos volar, digo en voz alta: Quiero volar y nos levantamos sobre todos. Nadie parece notarlo. Todos siguen haciendo sus cosas. Mi acompañante me dice que Jorge se fue a espaldas de nosotros, por un momento volamos de espaldas y después hacia la derecha como si alguna fuerza nos jalara hacia allá, me resulta difícil controlarlo.

Estoy volando, y la excitación que provoca esta sensación me hace salir del estado, siento de nuevo mi cuerpo físico pero no quiero estar ahí, quiero seguir en la fase. Comienzo a recordar cómo fue que entré y regreso al mismo quiosco, pero el señor ya no está. Vuelo hacia las afuera de esa ciudad, está lleno de árboles, pinos, parece ser un lugar frío aunque no se sienta en la piel. Lo veo por un camino entre los arboles pero al no poder controlar mi vuelo, lo pierdo, le grito que me espere pero parece que está huyendo de mí.

Me encuentro con algunos jóvenes, hombres, mujeres y algunos niños vestidos con ropa deportiva, con bicicletas, paseando a sus perros labradores. Les pregunto por el señor describiéndoselos un poco, y me dicen que lo vieron por el camino hacia la derecha.

Sigo volando aunque sé que él va caminando. Mientras vuelo sigo sintiendo que todo se vuelve oscuro y para evitar regresar, toco las piedras que forman el camino, choco adrede con las ramas y troncos de los arboles porque sé que no hay dolor.

Por fin llego a él, lo veo y junto a él hay más personas, compañeros de mi facultad, entre otros familiares míos. Llego a ellos y estamos frente a una pequeña cabaña blanca.

Me doy cuenta que el señor es más pequeño que antes y lo abrazo con la intención de permanecer en el sueño y a la vez de no dejar que se escape. Cuando miro lo que abracé, veo que es un bebe gigante, y el señor está detrás de todos a la derecha. Le digo que yo también quisiera poder estar en dos lados a la vez y me dice algo que entiendo como si eso fuera complicado y por fin me confiesa que no conoce a Jorge.

El sueño se desvanece. Mi preocupación por no querer olvidarlo me hace seguir soñando en que lo escribo una y otra vez, y que hay gente que me molesta y no me deja escribirlo, pero cuando despierto sé que también eso era un sueño y puedo recordar todo.

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